Creadores de imágenes

Un trozo de celuloide. Un escenario. Una declaración de intenciones.

30
Ago
2007

La caída de los dioses (Visconti; 1969)


Vaya por delante mi advertencia: nunca he sido un gran seguidor de Visconti. No termino de entrar en el universo que propone, me cuesta mantener el bostezo en según que secuencias de sus películas, y creo que su filmografía se caracteriza por la irregularidad. Ahora bien, debo enmendar la plana, hilvanar el hilo y retomar lo andado para afirmar que "La caída de los dioses" ha sido una de las películas más espectaculares que he podido ver en el último agosto veraniego.
Casi todo el mundo suele pensar en "Muerte en Venecia" o en "El Gatopardo" cuando sale a colación el director italiano. Sin embargo, las posibilidades expresivas, salvajes y sinceras que nos regaló el director con esta cinta son para quitarse el sombrero. Extraña, precisamente, que estemos hablando del año 1969, año de obras como el "Le gai savoir" de Godard o como "La sirena del Mississipi" de Truffaut. Con todavía fresco el recuerdo del Mayo del 68 y la conciencia europea de que las cosas, quizá, no iban a salir tan bien como se esperaba, de pronto nos encontramos con un producto excesivo, derrotista, tan amargo que parecería más próximo a la reseca de mediados de los setenta, a las Malvinas o al gobierno de Reagan. Cosas del cine.
Visconti, sin embargo, supo contar lo que quería y dar una buena bofetada al starsystem por el camino. Hay poco de complaciente (y la cinematografía europea tiende, en demasiadas ocasiones, a ser complaciente) en la virulencia de la historia, la descomposición de unos personajes alemanes en los albores del III Reich, la fábula sexual y provocativa, decadentista, tan bien realizada que hubiera podido arrancar aplausos del propio Brecht. La magia reside aquí en llevar hasta el extremo las características más bufonescas de los alemanes que "no querían ver", hacer explícito el abismo del odio, de la codicia, llegar hasta el final mismo de cualquier racionalidad destrozando los bastiones de occidente (infancia, familia, inocencia) en una montaña rusa que, por supuesto, acaba desplomándose sobre el espectador.
Es difícil encontrar una cinta europea "de autor" que dure más de dos horas y media y en la cual uno no tenga que consultar el reloj disimuladamente. Antes bien, el descenso a los infiernos de esta cinta atraviesa el corazón y llega hasta la reflexión pura y dura, hace suya una especie de tragedia griega prenazi y se vuelve imborrable en el recuerdo.

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

La verdad es que el cine italiano no me vuelve loco. La película que comentas me aburrió bastante, al igual que casi todas las de ese director cuyo cine me parece que ha envejecido bastante mal. Con todo entiendo la fascinación que pueden causar sus películas.

Saludos.

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Sobre este blog

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Doctor de la Facultad de Artes y Comunicación de la Universidad Europea de Madrid. Miembro de la Asociación Trama & Fondo y de la Asociación Española de Historiadores del Cine. Colaborador habitual en varias revistas especializadas ("Shangri-la Textos Aparte", "Versión Original"...)

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