Creadores de imágenes

Apuntes de cinefilia psicoanalítica

17
May
2011

Despedida y cierre

418 entradas. 879 comentarios publicados. Cinco años y un mes, muchos amigos, mucho cine, algunos errores, algunos aciertos, muchos compañeros, muchos fotogramas, mucha esperanza, mucho aprendizaje, muchos recuerdos, mucha intensidad.
"Creadores de imágenes" termina hoy una andadura por la que se atraviesa una parte importante de mi propia biografía: encuentros, desencuentros, todo aquello que prometimos no volver a hacer, los libros leídos, las noches en blanco, los descubrimientos, los primeros seminarios de Lacan, el gafapastismo, todas esas cosas de las que no he llegado a hablar y que despachaba con un rápido movimiento de mano.
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Los blogs -creo yo- son escaparates hacia el exterior o pequeños laboratorios de búsqueda personal. Después de leer a Bauman en "Mundo Consumo", me quedó bastante claro que los flujos de comunicación "del éxito" no pasaban por la blogosfera, y me pareció lamentable la imagen de un tipo escribiendo esperando a ser descubierto por las masas. El que esté libre del pecado del ego, que tire la primera piedra. Lo que me quedaba, por lo tanto, era la opción del laboratorio, y a ella me lancé con todas mis fuerzas.
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"Creadores de imágenes" siguió la vieja estructura de auge y caída en la que quizá era su primera voluntad: explorar algunas conexiones entre cine y psicoanálisis a la luz de las teorías de González Requena, de Lacan y de Zizek. También pretendía hablar de las otras cosas importantes que me iban quemando. Quizá mi gran descubrimiento como experimentador fue descubrir que podía cruzar a Britney Spears con Godard, traicionar a todos los maestros, prender fuego a los templos escolásticos y emitir grotescas carcajadas por el camino. La gran herencia de "Creadores de imágenes" es, sin duda, mi libertad. Una libertad que no hubiera podido cristalizar sin toda la confianza, el cariño y el apoyo que la gente de la Universidad Europea de Madrid (compañeros de la Facultad de Artes y Comunicación, Departamento de Márketing) pusieron en mis manos. Ellos me dieron auténtica carta blanca para expresarme, buscar y equivocarme con todas las consecuencias. La Universidad en la que trabajo, y lo digo desde ya, me ha demostrado que era una Universidad libre, plural y respetuosa con los contenidos de los demás. Gracias, por lo tanto.
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Una vez que se apagan las luces y se baja del escenario, resulta imposible no responder a la pregunta del futuro. ¿Cuál es el próximo experimento? ¿El próximo truco de magia? La respuesta estará en mi viejo laboratorio (http://elseptimosello.blogspot.com), desde el que espero seguir trabajando sobre las conexiones entre ideología, postmodernidad y teoría cultural. Me reservo el derecho a contradecirme, equivocarme y cometer todos los errores del mundo. Es el primer paso hacia "otra cosa", otra manera de escribir, otra manera de pensar. Otra cosa que seguiré compartiendo con mis alumnos (los verdaderos motores de todo esto, en realidad), los colegas con los que me dejo la piel y las uñas teóricas en los congresos, y por supuesto, los amigos.
Nuevas responsabilidades, nuevos retos, nuevos tiempos. Si algún día quieres venir a verme, ya sabes dónde estaré metido. Hasta entonces, te deseo tanta suerte como la que yo he tenido estos cinco años.

10
May
2011

Alegremente descabellado


(He cogido la viñeta de aquí ).

Quizá ha sido el apoteósico descubrimiento de ese genio incomprendido de la postmodernidad que ha resultado ser Fela Borbone , o este Mayo de elecciones y buenas intenciones. Quizá sea esto de ir viendo la ideología hundiéndose alegremente en todas partes, con la peña de #Nolesvotes haciendo ruido, ir escribiendo a toda mecha un libro sobre masculinidad por el que me van a lapidar Hordas de Sacerdotisas 2.0 y, qué bien, descubriendo gracias a Nacho Vegas que las brujas comen leche, galletas, y a tí, corazón.
Nos queda el DocumentaMadrid, que este año está que se sale y nos está dando unos peliculones que ríase usted de la competencia. El Real Madrid ha vuelto a perder estrepitosamente, pero aquí nos hemos traído lo último de Herzog en 3D que, parafraseando a Guardiola, "es el puto amo de los documentales". Ojiplático y rotoscópico que me quedé con "Cave of forgotten dreams ", y por supuesto, con la impresionante concentración de modernillos, modernosos, gafapastas, niñas guapas a la moda, amigos de mac y fuencarraleños que nos juntamos -cómo no- en los cines Fuencarral. O sea, pero en versión The pains of being pure at heart. Vaya documental en 3D que haría Herzog con Fela Borbone, madre mía, o mejor aún, con la alegre chavalada que pide los votos para el PP y el PSOE en la puerta del centro comercial de mi barrio. Uno puede ir a comprarse una camiseta guay de esas del Zara (si, esas que fusilan inmisericordemente de las trendy-girls que se hacen fotos por Internet) y, ya de paso, concienciarse políticamente, apoyar a la mayoría, planear sobre encefalogramas no-muy-en-3D y esas cosas que necesita el sujeto del siglo XXI.
La política, si me permites el símil, es como la Sala Independance. Allí casi nadie va a escuchar buena música: van a ligar, a pillar cacho, a refocilarse un rato, a ver lo que se mueve por las costuras de la bragueta o del bolsillo. Y los pocos que van a escuchar buena música (los pocos que hacen política pensando que van a cambiar las cosas), acaban por salir cabreados, quemados, de mal humor, hinchados de garrafón y de que-hay-de-lo-mío. Gimme subvención, show me the money. Esto es amor, quien lo probó, lo sabe.
Pero uno anda con el corazón contento y lleno de alegría porque Herzog ha rodado un documental en 3D sobre un tema tan necesario en este momento histórico como las pinturas rupestres. El documental es brutal, y tiene una secuencia apasionante de un freak tocando con una flauta milenaria America The Great. Así como lo oyen. Herzog reflexiona sobre la ideología y sobre el vacío, sobre el arte y sobre lo visual. Verán que articulazo les sale a los chicos de Cahiers este mes sobre Herzog, madre del amor hermoso. En realidad, la cinta es una bufonada hermosísima, una coña marinera rodada como Dios, una broma de mal gusto en relieve y THX. Hay que ser muy grande -y Herzog, sin duda, lo es- para rodar sobre pinturas rupestres y partirte el pecho de toda la concurrencia.
El problema, por supuesto, es que la política -y las elecciones- dejó de ser divertida hace muchos años. Otras disciplinas "serias" como la filosofía o la sociología, ahora mismo, son infinitamente más divertidas que la política. ¿Ustedes se imaginan a Mariano Rajoy hablando de Ian Curtis? ¿O a Zapatero citando a Robert Smith? Mejor que no lo hagan, porque la última vez que se citó a un músico en el Parlamento, fue cuando la guerra de Irak. El músico era Ismael Serrano. El político que citaba, Labordeta. Y no digo más.
(Si, por supuesto, sigo escuchando a Ismael Serrano. Otro día escribiré de eso)
Pues, total, que llega el DocumentaMadrid y lo parte.
Es importante encontrar cosas que te apasionen, ¿verdad? Cosas como Fela Borbone, cosas auténticas y descabelladas. Después de todo, ya tenemos suficientes camisetas de los Ramones, The Who y los Rolling (yo tengo una) para los próximos dos mil años. Por mi parte, ya he mandado a imprimir una con la cara de Herzog... en 3D, por supuesto.

03
May
2011

Scream 4/Ben Laden

"No hay dolor, No hay dolor, ten a mano el rosario/porque ya cayó el dictador, o eso dice la radio/extendiendo el rumor de que todo es un plagio"

(Vetusta Morla, El hombre del Saco)

1.

Dicen que Ben Laden, muerto y bien muerto, arrojado contra un mar en calma con viento de poniente, dicen que Ben Laden cadavérico no tiene foto de muerto, que es algo que luce mucho en la prensa, y que no hay píxel capaz de aprehender el tono del muerto, la autopsia exquisita del famoso, las heces derramadas del monstruo. Dicen que Obama miente y que la cosa no cuadra y dicen que qué vergüenza celebrar la muerte ajena, y dicen y opinan, porque aquí lo importante es que se note que tenemos algo que decir. Dicen que qué estúpidos son los yanquis, y que qué vergüenza pasear la muerte como celebración nacional, cuando todo el mundo sabe que no hay nada tan nacional -¿celebramos el 2 de Mayo?- como la muerte del enemigo, y olé. El enemigo no debe morir, porque ya se sabe que sin enemigo no hay nación, y que si matamos en nombre de la nación, matamos con la gloria lolaila o euskaldun o hitleriana de los cadáveres exquisitos. Pero eso sí, con foto, porque si no hay foto, el muerto es como que muere menos. Parecería que ser periodista es ir sacando fotos a los muertos, o eso dice mi facebook. Sin foto de Ben Laden, ay, sin foto de las cámaras de gas. No podría creer, Maestro, sin introducir mi mano en la llaga de tu costado.

Y digo esto -porque yo también tengo algo que decir, después de todo- que a mi realmente me importa un bledo la muerte de Ben Laden porque la guerra por el bien se perdió hace eones en esta Europa tan limpia y tan aséptica en la que todos somos portadores de una moral exquisita, una Europa en la que podemos airear con toda tranquilidad nuestra ropa interior ética al viento sin miedo a que nuestras pequeñas manchas excrementales (Auschwitz, Katyn, Paracuellos, Guernica, Argel, Sarajevo, Libia) salgan en la foto. Qué poca vergüenza tenemos los europeos, intentando ir de árbitros de la ética y opinando con la boca bien abierta sobre las guerras del vecino.

Y digo, porque lo digo, que me importa un bledo la muerte/no-muerte de Ben Laden, ya que lo que de verdad me importa es que por fin se ha estrenado "Scream 4", que es una lección de política y del malestar de Occidente muchísimo más afilada -¿pillan la broma?- que todos esos tipos con traje que afirman tener razón en la pantalla de plasma de mi televisión. El viejo GhostFace es más elocuente con su saber homicida que los catedráticos que cobran un pastón por afirmar -¡oh!- que ahora Al-qaeda necesita un nuevo número dos carismático. Scream 4 es lo que funciona: mierda ideológica, pus corrosivo sobre la celebración de pegarle un cuchillazo al Otro, la enésima constatación de que nada es tan hermoso como una hermosa quinceañera saturada de sangre hasta las cejas mientras cita -aunque ella misma no lo sepa- a Lyotard. Los guionistas de Scream 4 se han leído a Lyotard a conciencia y eso se nota desde los primeros diez minutos. Por supuesto, los bakalas de mi barrio no pillan la coña con La condición postmoderna, ni falta que les hace, porque probablemente estén pensando qué poner en su Facebook sobre la muerte de Ben Laden. Por ejemplo:

Q fuert lo dl BiN_LaDeN, so a sido Chuk Norris q la llamao ObAmA, to rexulon, q risas el savado q vimos Scrim4.

O, por ejemplo, la réplica de la XoNi_SoLiDaRiA (o XoNi_CoMpRoMeTiDa) que afirmaría:

Cuelga esto en tu muro en memoria de todas las víctimas de todos los atentados terroristas. Si conoces a alguien que ha sufrido un atentado terrorista o a alguno de sus familiares, cuelga este mensaje en tu muro. Por la paz internacional, por la memoria... ¡Nunca más!

Todo es simulacro -Here we are now, Entertain us!- y el problema de la peli de Ben Laden es que la han contado mal, muy mal. Es una peli aburrida en la que no han metido a las estupendas Anna Paquin y Alison Brie. La peli de Ben Laden es que le pasa lo a que Neve Campbell o a Courteney Cox: que están pasadas de moda, que son efímeras y lucen patas de gallo, que antes nos pusieron a tope pero ahora tienen bótox (ideológico) y no han sabido envejecer con dignidad. Eso si, lo importante es posicionarse, para demostrar a todo el mundo que tenemos algo que decir, que la juventud se mueve, que vamos a tomar la calle, que esta vez haremos la revolución de la revolución de la revolución.

Venga hombre. Pásame el libro de Baudrillard y no me des lecciones morales. Suficiente tengo ya con asumir que me van a reducir el Spotify a diez horas como para preguntarme si realmente me importa -o no- quie hayan matado a ese tipo con turbante. Estamos en otro rollo, ya lo dice el slogan de mi peli favorita del mes. "Nueva década. Nuevas reglas". Tan sencillo, tan líquido y tan verdadero como eso.

28
Abr
2011

Vals de las estaciones con Cristina F.

1.

Con cierto cuidado, desprendo la penúltima polaroid de esta primavera y la contemplo con una sonrisa torcida. Es un fotograma de "Christiane F.", aquel concierto en Berlín con David Bowie y con una hermosísima Natja Brunckhorst, una niña de catorce años que había sido situada ahí para hacer lo que mejor sabe hacer el cine europeo: comerse a sus hijos. "Christiane F." es una fiesta total de la destrucción, como lo es casi siempre todo lo que rodamos a este lado del continente. Bauman dice que nos odian por nosequé deudas colonialistas, pero probablemente Bauman se echaría a llorar conmovido con la fábula de la niña-yonki, y diría que aquello tiene que ver con Levinas, y con el "rostro del otro", o similar. Yo creo que "Christiane F." sólo se puede leer como una comedia romántica llena de sombras, y de hecho, podría ser también un softcore alemán de los ochenta, pero en versión vampírica y drogadicta. Un "Déjame entrar" con niños yonkis, que dan mucho más miedo y son mucho más divertidos cuando estallan de goce y de europeísmo. Todavía me sorprende que la gente se tome en serio la peliculita de Uli Edel, como los que se toman en serio las dietas milagrosas, los alimentos light o los libros para dejar de fumar.

2.

La cosa en el cine lleva un par de semanas tranquilas, así que mientras calentamos motores para cubrir el DocumentaMadrid nos da por ver antiguos dvds dejados de cualquier manera en las estanterías de la adolescencia. Yo creo que si hubiera visto "Yo, Cristina F." con quince años me hubiera sentido un poco yonki, un poco romántico, un poco enamoradizo y un poco tontiloco, coladito por los huesos heroinómanos y crapulillas de la Brunckhorst. Me hubiera dejado arrastrar por esa cicatriz tan alemana, pero a estas alturas me siento lo suficientemente cínico y adulto para comprender que la fábula de la Heroína/Asesina ya está tan trillada como las nínfulas neogóticas, los discuros postfeministas de "Yo-es-que-estoy-muy-loca-y-los-hombres-me-han-dañado-tanto" y los anuncios de coches comprometidos con el medio ambiente. Lo único que me gusta es la música de Bowie, y el propio Bowie cuando era el Duque Blanco -aquello que nunca le perdonó Todd Haynes, y es una lástima-, porque lo demás ya nos lo han contado.

3.

La cultura de la víctima. Una victimización total de la cultura, convirtiendo las bibliotecas en suburbios y la poesía en los estertores del bajón yonqui. En Trainspotting no había ni una simple muesca de victimización, y por eso sigue siendo una obra maestra. Aquí todo es el canto armónico de la muerte de la nínfula, sangre y jeringuilla mal limpiada de cuando el boom de la movida de la movida de la movida. Bauman dice que el mundo nos odia porque somos Europa, pero quizá la cosa sea al revés: nosotros odiamos al mundo porque nosotros somos Europa, y por el camino, leemos un poquito a Sartre, soñamos con una buhardilla en París y nos calentamos las manos en el fogón de la revolución truncada. Pero todo es simulacro, ya se sabe, y hasta el odio es simulacro puro. Lo único verdadero es el gesto del yonki, esto es, la fiesta de la autodestrucción voluntariamente aceptada. Cristina F. se pincha por amor, y por eso su sufrimiento es a la par inverosímil y cinematográfico. Cristina F., la auténtica, la que siguió viviendo más allá de la cinta, no se dejó de picar la vena sino que se plantó a vivir en Ámsterdam de su chute europeo y, por el camino, los servicios sociales le quitaron al hijo. La niña de catorce años se forró con la peli, y por el camino, se pulió los royalties en caballo. La peli de Cristina F. es la que empieza, precisamente, más allá de la peli de Cristina F.

4.

A Bowie le dió un jari bajo los focos y se retiró prudentemente. Ziggy Stardust lleva marcapasos y tiene pinta de anciano adorable. Sus canciones siguen sonando como Dios - ¿han escuchado el Hunky Dory últimamente? ¡Apasionante!- y le citan mucho en las pelis más o menos indies de la cosa. Por su parte, Cristina F. espera en un cuartucho de Ámsterdam a que le pasen el cheque con los derechos de explotación del dvd que yo he comprado en Amazon, un céntimos del bote amarillento de la hermandad del chute. Europa tiene una historia desmemoriada, y los niños de hoy se ponen hasta las cejas de Justin Bieber, que es la imbecilidad misma del goce postmo. De la Brunckhorst, mejor no saber nada. Habrá envejecido.

Después de todo, todas las buenas historias siempre tienen un final enfermizo.

14
Abr
2011

Las lágrimas de Carey Mulligan

Todo (buen) relato moviliza siempre nuestro deseo. A veces se sugiere como un aleteo detrás del espesor de la trama, otras veces se explicita hasta ocupar el cuadro entero. A veces -y aquí me permitirás que esboce una sonrisa culpable- es algo demasiado personal y, quizá por eso, se disfruta con más intensidad. Y es que hay que ver cómo gozamos (bien) los pequeños secretos, los pequeños e inconfesables vicios, esos breves destellos de tranquilidad y placer.

Pues bien, aquella tarde llovía. Era casi al principio de la primera bobina, en un exterior rico en verdes y azules proyectado sobre la pantalla, más bien modesta, de los Renoir. Yo andaba de mudanza y tenía la cabeza en otra parte. Había entrado a ver aquella película porque tenía el nombre de Nick Hornby en los créditos, pero no confiaba demasiado en salvar de manera digna el sábado. Sin embargo, ya digo, en aquella primera bobina, una mujer arrastraba un violonchelo bajo toda esa lluvia falseada, una mujer en la que no tardé en intuir la vieja fórmula lacaniana ($<>a), es decir, la fórmula del fantasma, es decir, la fórmula del deseo. Puede que el violonchelo fuera el petit object a, o puede ser simplemente, que me hubiera enamorado total e irremediablemente de Carey Mulligan.

Si uno ama el cine con cierta seriedad -no hay más que leer a Truffaut para saberlo-, resulta imposible no acabar enamorado de ciertos fantasmas en 35 que se pasean por las salas. Profunda, total, confusamente enamorado. Ya te hablé hace tiempo de Juliete Binoche, pero podría citarte también a Irene Jacob, a Ellen Page, a Marion Cotillard. Y por supuesto, a Carey Mulligan. Podríamos estar hablando de estas mujeres casi hasta el amanecer, de hecho, podríamos estar hablando de estas mujeres hasta que se nos acabara el tiempo mismo. "An education" no era una obra maestra, pero tenía a Juliette Gréco cantando Sous le ciel de Paris, y tenía a esa mujer desconocida que había llevado el viejo $<>a hasta una dirección que llevaba tiempo sin imaginar. La Mulligan era puro cine, era lo único que realmente nos sigue interesando a estas alturas de la Lolita de Nabokov, era sincera y perfecta en su sufrimiento, era intemporal, inmortal, estaba más allá de cualquier adjetivo: ella era París, y ella era la cinta entera. Era una estrella, en el sentido en el que antes lo habían sido Ava Gardner, Grace Kelly o Maureen O´Hara. No una musa de auteaur, no un cliché de la feminidad europea. No. Una auténtica estrella de cine.

Dios Santo, muchacho, cómo lloraba Carey Mulligan en la pantalla. Lloraba como si fueran a cerrar todos los hoteles de paso, lloraba como imaginábamos que llorarían las chicas de las que nos enamoramos en la adolescencia, lloraba traduciendo en lágrima a la Gréco cantando Les Feuilles Mortes. Aquel día me prometí a mi mismo que tendría que escribir algo sobre esa actriz desconocida, sobre su fuerza, o lo que es lo mismo, sobre mi mismísimo fantasma. Toda la verdad psicoanalítica es una lágrima, porque todo el deseo es una lágrima, y a su vez, todo mi deseo es una pequeña lágrima, esa fantasmal y proyectada lágrima falsa iluminada en azules y verdes. Carey Mulligan ha seguido llorando en todas las cintas que ha protagonizado (o casi) en los últimos dos años. En Wall Street 2 estaba guapa hasta lo insoportable -otra cosa es la película, claro-, y en Nunca me abandones (¡vaya título para una película de la Mulligan! ¡Qué exquisito escalofrío en la espalda!) demostró que podía merendarse tranquilamente a la Knightley sin pestañear. La suya es una belleza y una interpretación que nada tiene que ver con la portada de la Cuore, sino con otra cosa, con una mota en el recuerdo, con una internacionalidad del pasado, con lo irresuelto. La Mulligan seguirá siendo deslumbrante con cincuenta años y la cara destrozada por tanta lágrima, seguirá tallada en dolorosa pasión, y por supuesto, seguirá siempre siendo una mujer inalcanzable, una mujer que nunca es ella misma. Una jugadora del deseo, femenino y masculino, deseo efectivo por nunca explicitado, por nunca puesto encima de la mesa. Deseo siempre oculto, subterráneo, cinematográfico.

05
Abr
2011

Inside Job - La canción de los perdedores


De los muchos vicios más o menos ocultos que uno va acumulando con el paso de los años, uno de los que nunca he confesado ha sido mi interés por la música popular de la guerra civil norteamericana. Quizá sea por cinefilia o por un ansia de verdadera democracia y libertad en tiempos tan oscuros como los presentes, pero me excita mucho más conducir al trabajo al ritmo de When Johnny comes marching home o del Marching song of the First Arkansas. Son canciones sencillas, emocionantes, de una letra tan ingenua que en cada verso uno no sabe si echarse a llorar o aullar como una bestia histórica desmemoriada herida. Tanto da. Hoy mismo, al atravesar cualquier calle, el analfabeto funcional de turno nos destrozará los tímpanos con una canción llena de Papitos, Mamitas, Perreos y otra miseria fecal sonora similar. Si ellos pueden escuchar aullidos tribales que invitan al apareamiento, ¿por qué no habría yo de poder escuchar canciones de la guerra civil norteamericana?
Pero a lo que iba. Escuchando esas viejas canciones llenas de polvo y sangre, me pregunto si todavía queda algo de aquel sueño a medio camino entre la democracia y el ansia de esperanza. Redactar unas líneas sobre "El hombre que mató a Liberty Valance" para la gente de Versión Original no me lo ha puesto más fácil. Todos sabemos que Liberty Valance se mudó a currar de asesor para Lehman Brothers y desde allí se escuchan sus terroríficas carcajadas. Ayer pensaba que si a Ford le hubiera dado por hacer un documental sobre la crisis, el resultado hubiera sido bastante parecido a "Inside Job". No hay que equivocarse: la diferencia es que hoy nadie tiene arrestos para llenar de plomo y pólvora la exquisita sonrisa de los Liberty que nos han robado la pasta, aunque todos sepamos su nombre y sus apellidos. Es mucho más fácil comprarse una Blackberry, of course.
Viendo "Inside job" uno sólo puede morirse de envidia. Ya se sabe -me duele la boca de decirlo en este blog y en todas las barras en las que haya alguien que quiera escucharme- que en España jamás vamos a hacer nada remotamente parecido a este documental. Aquí molan los chistes de mariquitas y las pelis de tetas (¿han visto lo último de Paco León/Kira Miró? ¿Entienden por qué España será siempre el hermano imbécil de Europa?), y por eso tenemos una cinematografía mayormente borderline, la cinematografía que nos merecemos. Los directores con talento andan sueltos por el underground muriéndose del asco o esperando a ser descubiertos con cuarenta palos o tras el cancer de pulmón.
Uno practica un capitalismo sencillo de andar por casa por aquello de que nos gusta ir al supermercado y ver los estantes llenos de cosas brillantes y sabrosas. Reconforta el alma eso de no vivir en una dictadura bananera, socialista o fascista. Uno se siente moderadamente feliz tras comprarse una camisa a cuadros en el H&M de la esquina. Lo que generalmente se nos olvida es todo ese magma de carroñeros y toda esa escoria de traje que están encantados de picotearnos las cuencas de los ojos. "Inside Job" les saca la foto, y les pone nombre y apellidos. No servirá de nada, pero al menos alguien se atreve a decirles a la cara: "Espera un momento... no todos somos imbéciles". Es un pobre consuelo, pero comprenderán que es el único que tengo.
Por lo demás, el dolor de los desheredados seguirá siendo el mismo y en las calles de mi pequeña ciudad se multiplicarán las heridas del euro. Eso ocurrirá con o sin "Inside Job", con o sin este blog, y por extensión, con o sin toda esta tonelada de buenas intenciones que tanto nos gusta esgrimir a algunos. Y ahora que hemos cerrado este capítulo, ¿qué te parece si hablamos de otra cosa?

01
Abr
2011

Notas sobre Bruno Dumont

Puedo recordar, casi a la perfección, los primeros diez minutos que vi del cine de Bruno Dumont. Era el comienzo de "Flandres", una tarde tonta hará ya algunos meses. Esos diez primeros minutos fláccidos y poco interesantes, engolados, de una intelectualidad impostada en cada encuadre. Me faltó un suspiro para cerrar el reproductor y pasar a otra cosa, y sin embargo, decidí permanecer allí a pesar de todo. Quizá fue el orgullo pobre del cinéfilo, quizá la (auto)impuesta obligación moral de ver todo lo nuevo novísimo del cine francés.

Con los minutos, el film de Dumont se fue convirtiendo en otra cosa, una especie de piraña lasciva empapada de un feísmo corrosivo y sexual, un vómito reseco sobre una revista pornográfica que alguien hubiera dejado olvidada en mitad de una agencia de viajes. Y claro, entonces la cosa empezó a interesarme y abrí un poco más los ojos por encima del sopor habitual. Aquel tipo era una especie de Haneke pero en feo, en profundamente feo, desarrollaba una poesía a medio camino entre la vulgaridad, las fotografías de la Arbus y el cine de la modernidad. Si Haneke es necesariamente gélido en su desprecio del ser humano, Dumont es un esteta de lo feo: no de lo horrible, ni de lo repugnante, sino de lo manifiestamente feo. Ambos, por otra parte, son filósofos de profesión que se pusieron a rodar películas.

Me fascina, por ejemplo, la manera en la que Dumont rueda todo lo relacionado con el sexo: esas masas de carne agónicas que se chocan una contra otra, contundentes en sus imperfecciones y en sus gruñidos, reincidentes en sus imperfecciones. Dumont rueda unos cuerpos que están más allá de cualquier posible belleza, cuerpos que se confuden entre ellos a lo largo de toda su filmografía, desmesuradamente grandes, heridos, abombados, hinchados, cuerpos sin belleza pero en los que un simple detalle (la mirada, la sonrisa, quizá el pelo) desliza un breve chispazo de belleza. Me fascina la manera en la que introduce la cámara sin ningún tipo de poesía visual en un universo descompuesto lleno de personajes limítrofes, extrañados de/en sí mismos, personajes surgidos de una pesadilla de Camus pero en feo, siempre todo en feo.

Me fascina también, la manera en la que Dumont erosiona el concepto de los géneros, perforándolo con fealdad pura. Así, por ejemplo, "Flandres" es una cinta bélica de manual (mundo inicial-choque bélico-retorno al hogar), o "La humanidad" es un thriller en toda regla, con su asesinato, su proceso detectivesco y su conclusión. El género es algo que -como ocurría en el primer Danny Boyle o en cierto Winterbottom-, es capaz de permanecer al fondo de la cinta, recordándonos esos vasos que improvisamos como ceniceros y que al final de la noche tienen una costra negrísima de nicotina. El género es la costra misma, y la reflexión filosófica es probablemente el resto de filtro asfixiado que flota en un océano amarillo de hebras, cenizas, saliva.

Creo que me gusta el cine de Dumont precisamente en lo que tiene de puro escapismo hacia la nada. Uno puede sentarse ante sus películas, rodadas con ese ritmo tan moroso y lento en el que caben todos los pensamientos posibles, y después marcharse del universo que plantea sin hacer mucho ruido, con una cierta inquietud entre las uñas. Es una autor, qué duda cabe, y aunque no tenga la gracia, el ruido y la furia de Assayas o de Desplechin, puede rodar con una cierta seguridad y con respeto hacia sus propios estilemas. Su cine no es un gran cine, sino antes bien, una cloaca costumbrista francesa por la que la cámara se desliza casi estática, como en una góndola enfangada que tropezara con restos de plástico, botellas vacías, cadáveres descompuestos.

19
Mar
2011

Acodado en esta barra

"Semos los escombros de las torres gemelas"

(Mártires del Compás)

1.

Rodolfo Serrano escribió uno de mis versos favoritos: "Acodado en una barra, contemplo el fín del mundo". Cito, como siempre, de memorieta. Acodado en una barra, hablo de Bolaño, de la ruptura de las ideologías, de Zizek, niña ponme otro santateresa mientras quede noche, hablo de Jenna Haze y de las camareras (que nunca nos amaron), y de si me gustó la última de Boyle, o lo que cambiaremos lo intercambiable de lo mismo, cierran el bar o no lo cierran pero la barra sigue allí, en el fondo del local, la camarera, el círculo casi perfecto del hielo derretido sobre la imitación de mármol.

Acodado en una barra, alguien habla del Japón nuclear o del problema del proletariado, y vaya, qué pereza, ponme otro santateresa mientras voy contemplando los estertores de la ideología, en fin, estudios culturales, feminismo totalitario, desodorante axe para triunfar en los laberintos del íntimo deseo. Gárgolas del comercio justo y sombras de la catástrofe mundial vistiéndose de Caligari. Cómo culpar a mi generación, cómo culpar a nadie.

2.

Me dice un desconocido al que automáticamente respeto: demasiada gente cita a la Nueva Trinidad: Deleuze, Barthes y Lacan.

3.

El caso es que yo quería contarte que me ha gustado "En tiempo de brujas", con todos sus defectos. Luego se me cabreará el personal, claro, y me preguntará por qué no he escrito sobre "Cisne negro", ni sobre "Pan negro", ni sobre la negritud del cine contemporáneo que podría ser -ay- psicótico o lacaniano. El caso es que de un tiempo a esta parte -no se lo digas a nadie, lo susurraremos dulcemente mientras nos traen otra copa- me interesa mucho más John Ford que Lacan y claro, "En tiempo de brujas" podría ser casi casi un western medieval de Serie B. ¿No estás de acuerdo? En fin, también podemos hablar de Torrente 4. La crítica de Torrente 4, para que su target pueda aprehenderla en condiciones es la siguiente:

Saaaa peli rexulonaaa, nano, ke risas q te partes el trozo SEGURA ERS 1 CRAC, haber si sakas la 5 o q pasa con el 3d q t qdas to loko, q jefe el pakirrin t partes la caja Jenny tqm Torrente q jefe EsE FaRy y EsE BiSbAl rexuloooon

4.

Por lo demás, no te conté que habían cerrado los cines de mi barrio y la hermosa taquillera que me regalaba los descuentos con un guiño cómplice desde detrás del cristal ha emigrado a otras levedades. La ciudad sigue agonizando tras su maquillaje de polución y skyline, la primavera se desliza exquisitamente por la periferia y ronronean las motos gripadas en las avenidas. Por lo demás, sigo intentando verme una película diaria como única terapia ante la banalidad del decorado. Ya sabes, como aquel día que te levantaste y pensaste que todo era como en El show de Truman. Acodado en esta barra, por el momento, veo pasar tsunamis, minifaldas, síntomas, brujas, vaqueros, carreteras a 110 kms por hora.

Pídeme la penúltima antes de que cierren.

15
Mar
2011

Angustia y goce en el cine español postmoderno.“After” (Alberto Rodríguez, 2009)

Para propios y extraños, se puede leer el texto de la ponencia en el congreso de la AEHC aquí:

http://comunidad.uem.es/blogfiles/arodriguez/After.pdf

¡Un abrazo!

14
Mar
2011

Aurora/Melancolía: Notas al hilo del XIII Congreso de la AEHC

1.

Una de las consecuencias inmediatas de la titulitis crónica -la acreditacionitis, habría que decir- que parece salpicar a parte de nuestro sistema universitario actual es la proliferación de Congresos que aparecen como setas prometiendo el bendito título de asistencia. Su diseño es poco menos que esquizofrénico: cien ponentes en tres días, cuatro mesas funcionando al mismo tiempo, seis plenarias a las que nadie asiste, diez minutos para exponer el trabajo a toda mecha y a otra cosa. Esos pseudocongresos, siempre lo he pensado, son malos para la investigación, la universidad y el alma.

Afortunadamente, ha llegado la AEHC y nos ha demostrado que las cosas también se pueden hacer de otra manera. Las cosas, contra todo pronóstico, se pueden hacer bien.

2.

El hecho de encontrarse con un Comité Científico que se ha trabajado con calma los textos presentados y que los ha discutido hasta la saciedad, de escuchar a algunas de las mejores voces hablar desde la pasión, el hecho de que a los nuevos y jóvenes miembros no se nos trate como becarios improvisados o como alegres mascotas a las que exprimir... todo eso ha cristalizado en que haya regresado de Santiago con una sensación de extrañeza y de victoria. Extrañeza ante gente que se toma tan en serio su trabajo, y victoria ante la Chapuza Nacional que a veces nos quieren endilgar como la panacea de la investigación del siglo XXI.

Y es que quizá no. La Investigación sólo tiene sentido cuando se escucha al que sabe mucho más, cuando se reciben verdaderos análisis del trabajo propio y no rápidas palmaditas en la espalda, cuando entras en contacto con gente que lleva décadas peleando en tu misma trinchera. No importan las diferencias metodológicas, importan las ganas de trabajar y enfrentarse con problemas enormes desde una perspectiva científica y exhaustiva. Allí estuvimos casi todos: pro-psicoanalistas, semióticos, expertos de la forma fílmica, estrictos historiadores, críticos, nacionalistas de todos los bandos y opiniones, todas las lenguas, todas las políticas y todas las voces. Y eso -y no otra cosa- debería ser un auténtico Congreso.

3.

Creo que todos los que investigan con cierta seriedad y profesionalidad podrían estar de acuerdo con la siguiente afirmación: perder el contacto con la propia investigación es algo extremadamente fácil. El cansancio, la comodidad de una metodología "rodada", la lectura de una bibiliografía exclusiva de tu pequeña parcelita de saber y, sobre todo, la inmensa soledad del investigador, hace que poco a poco podamos ir acumulando aberraciones y vicios, miradas y lugares comunes. Por eso precisamente es necesario que los auténticos foros de reflexión sean valientes y útiles. Por eso es necesario que sigamos tomándonos cafés con los que saben, los que viven y los que sienten, por eso es necesario que encontremos a viejos amigos y que discutamos sus trabajos. Uno ha recibido mucho de los últimos libros de gente como Laura Antón, Manuel Vidal Estevez o Agustín Rubio Alcover, y lo mínimo que se puede hacer es agachar la cabeza y celebrar el pensamiento, la valentía y el buen hacer.

Queda trabajo, por supuesto, queda todo el trabajo del mundo. Pero con un poco de ayuda como la de este Congreso, podremos seguir pensando que la reflexión española sigue adelante como un tren a toda mecha. Y que nosotros debemos seguir peleando, con una inmensa sonrisa de placer, el pequeño asiento en el último vagón que nos dejan ocupar.

Sobre este blog

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Doctor de la Facultad de Artes y Comunicación de la Universidad Europea de Madrid. Miembro de la Asociación Trama & Fondo y de la Asociación Española de Historiadores del Cine. Colaborador habitual en varias revistas especializadas ("Shangri-la Textos Aparte", "Versión Original"...)

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