Cala Traducción

15
Dic
2009

Lectura profunda


Con respecto a la lectura profunda: vivimos en una época en la que los distintos soportes nos ofrecen infinidad de posibilidades de lectura. La sociedad de la información nos sumerge en un bombardeo de información escrita de la que procesamos una pequeña parte y desechamos el resto. Los nuevos medios de comunicación de masas, como la prensa gratuita, rechazan los artículos y entrevistas largos en pro de un texto sencillo con una redacción fácil y ágil, muchas veces incluso infantil. Leemos muchísimo, pero de una manera muy superficial. Cuando consultamos la prensa u otra información en Internet tampoco digerimos ni procesamos de forma lenta la información, nos quedamos en unos cuantos datos, pero no hay recreación en la lectura ni detección de segundos mensajes, existen demasiadas distracciones. Tampoco muchos de los libros más vendidos permiten ese tipo de lectura aún a pesar de encontrarse en el formato convencional. Son un producto de consumo rápido que narra una historia con cierta tensión dramática y misterio, pero que no busca el preciosismo ni el excesivo adorno de la palabra, no están hechos para ser leídos más de una vez ni para perdurar mucho en el tiempo. Todo esto responde a varios factores, pero no entraremos a juzgar si es bueno o malo hasta más adelante y sólo en lo que a la figura del traductor atañe. Diremos, sin embargo, que responde a la fiebre empresarial del mundo editorial que obliga a las editoriales a sacar constantemente novedades en una carrera sin fin (una especie de eterno juego de “el rey de la montaña”), a una subversión del sistema de valores y a la rapidez de la vida moderna. En fin, multiplicidad de causas que se aúnan para producir este fenómeno. Es un hecho que en el pasado se leían muchos menos libros (había también menos libros publicados y muchas mayores dificultades de acceso a los mismos) pero que esos libros se leían más veces y con mucho más detenimieno. Era muy importante cómo se había elegido cada palabra y el orden que se había dado a cada frase y la simbología de cada personaje o escenario. Sin embargo, los traductores literarios aún se dedican a esa lectura profunda como parte de su trabajo, esa lectura que es la que verdaderamente hechiza y encanta, esa a la que nos entregábamos siendo niños con la despreocupación y la inocencia de esos años y que con el paso del tiempo y las diferentes razones ya mencionadas, hemos perdido. ¿En qué consiste esa lectura profunda y cuál es el proceso al que se somete el traductor? Un traductor debe ser ante todo un gran lector. No debe ser impaciente y ha de dedicar el tiempo que sea preciso para impregnarse del significado íntimo de cada párrafo antes de poder plasmarlo. La traducción es, en opinión de Alberto Manguel[1], la mejor y más íntima forma de lectura. Y añade que el lector que más poder tiene es, por supuesto, el traductor, ya que puede abrir el texto, ver cómo funciona y volver a reconstruirlo como si fuera un doctor Frankenstein de las letras, que reconstruye un texto a partir de piezas muertas. Sin embargo, yo tiendo a relativizar ese poder porque es, a la vez, oportunidad y condena, dado que el traductor no sólo está sometido a la cárcel de su propio idioma, cárcel en la que están encerrados todos los autores (el traductor, es, no lo olvidemos, un creador, pero un creador atenazado por el miedo, mientras que el autor es un creador dotado de alas) sino que además se encuentra condicionado por las cuatro paredes de la lengua origen, debe navegar salomónicamente entre la lengua origen (LO) y la lengua meta o lengua término (LM o LT). Y eso nos llevará al siguiente punto, al del equilibrismo, en un futuro post.




[1] Alberto Manguel nació en Buenos Aires, Argentina, en 1948. La carrera diplomática de su padre lo llevó a vivir su primera infancia en Israel, donde un aya checa le enseñó alemán e inglés, lengua esta última en la que escribe y, según él, en la que mejor se expresa, aunque domina también el francés. Lector para un Jorge Luis Borges ya casi completamente ciego, Alberto Manguel se considera “más lector que escritor”.
Crítico literario, controvertido ensayista, colaborador habitual en los principales diarios y revistas de distintas ciudades del mundo, ha dado conferencias sobre literatura en universidades de Europa, Canadá y Estados Unidos. Creador de seriales y adaptaciones para radio y televisión, ha escrito la obra teatral The Kipling Play, estrenada en Canadá en 1985. En 2002 ganó el III Premio Periodístico sobre la Importancia de la Lectura de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Es Oficial de la Orden de las Artes y las Letras de Francia y obtuvo el Premio McKitterick First Novel de Gran Bretaña.

Introducción del artículo: MANGUEL, Alberto. Entre la torre de Babel y la bibloteca de Alejandría [Documento en línea], Vasos Comunicantes, 2004, núm. 30. <http://www.acett.org/> [Consulta 18-06-09]


3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Me mola este blog, la pena es q tarden tanto en actualizarlo.

Gala Arias -

26 Enero 2010, 12:22

Querido Bertox:
Gracias por tu comentario. ¿Qué te puedo decir? Tienes toda la razón, a ver si le dedico un poco más de tiempo al blog. Estamos muy liados con el programa de radio, que te invito a que escuches: Una tarde de libros en www.uemcom.es, todos los martes de 16.00 a 17.00.
Un saludo.

que deben acer un resumen

Este blog tiene activada la moderación de comentarios. Tu comentario aparecerá cuando el propietario del blog lo apruebe.

Escribe tu comentario

Sobre este blog

Avatar de Gala Arias

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

Últimos comentarios

Texto

LICENCIA