08
May
2012

La educación triste.

Nuestro país está triste; la educación también. España tiene graves problemas estructurales; la educación igual. El modelo de sociedad que en Europa se ha ido construyendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial está en crisis; a la educación le pasa lo mismo.
En España y en Europa necesitamos reinventarnos, pero no encontramos ni el modelo ni el camino para hacerlo. Los países que mejor parecen ir no nos gustan como modelo. Emergen China, India, Brasil, Turquía…, pero sus modelos están superados hace décadas a juicio de los europeos. No aceptamos que el modelo político chino, la estructura social india, las desigualdades brasileñas o la influencia política de la religión en Turquía sean modelos a replicar por nosotros. Entonces, necesitamos inventar un nuevo modelo. Pero, ¿dónde están los líderes para visionarlo?, y dónde la sociedad para renunciar a lo que tiene y seguirlos?
La educación refleja este estado social de confusión y pesimismo. El modelo que tenemos no funciona bien y además, ahora, no podemos sostenerlo. Un sistema basado en una educación pública de mínimos en primaria y secundaria y de élites en educación superior no aguanta una mayor exigencia en lo primero y una relativa masificación en la universidad. Con abundantes recursos mal gestionados (y sin gestores) y con grandes dosis de abuso e irresponsabilidad. Donde más importante que la educación pública es el empleo público en la educación (una cosa bien distinta).
Es prácticamente imposible aislar el debate de la educación del debate sobre el modelo de sociedad. Se oye mucho ruido, protestas a todos los niveles y llamadas a la movilización. Pero, ¿hacia dónde nos movemos?, ¿dónde están esas ideas movilizadoras?
El cambio en la educación solo vendrá de la mano del cambio social. Es más, el cambio en la educación será un elemento esencial del cambio del modelo social. Pero aún faltan las ideas. Y sin ideas no hay proyecto. Y sin proyecto no pasará nada.
Es la sociedad triste que sucumbió por no saber transformarse. Es la educación triste que la acompaña. La educación está triste, pero no es triste. Y si no, escuchen las risas en las aulas. El sector educativo necesita recuperar la ilusión. Y solo será factible escuchando la voz de los jóvenes y profesionales de la educación a quienes invito a aportar sus ideas para que entre todos podamos cambiar el modelo social.

19
Abr
2012

Educar la comunicación

Han pasado muchos años desde que acudo diariamente a la Universidad y nunca deja de sorprenderme la cantidad de actividades que cada día ocurren en nuestro campus. Esta semana ha comenzado de lo más interesante. El lunes, sin ir más lejos, llego a trabajar y en el rellano de la escalera me presentan al director de cine y escritor David Trueba. Estamos en la Semana de la Comunicación y David viene a inaugurarla.

Este hito anual ya consolidado abarca las áreas de Periodismo, Comunicación Audiovisual, Publicidad y Traducción. Lo organiza nuestra Facultad de Artes y Comunicación para poner en contacto a los estudiantes con lo mejor de la profesión. Desde una reconocida premio Pulitzer hasta el ganador del premio Planeta, reunimos a reconocidos profesionales en torno a la actualidad del sector para acercar el debate a los estudiantes.

Me gustaría compartir algunas ideas que he podido ir descubriendo en estos días dedicados a la comunicación. La primera es sobre la evolución de la profesión periodística. Aumenta la tendencia hacia la integración de redacciones, no sólo como medida de reducción de costes, cosa por otro lado comprensible por la grave crisis económica en la que estamos inmersos, sino también para dar respuesta a la necesidad actual de la inmediatez informativa. El comunicador se convierte en un actor polivalente capaz de desarrollar un tema en cualquier soporte.

Además, la generación de contenidos en internet requiere la adquisición de nuevas habilidades y la incorporación de nuevos perfiles profesionales propios del medio. Según los datos del último Estudio General de Medios, la penetración de internet, con un 43,4%, es ya superior a la que representan los diarios impresos, el 36,9%. Este dato, que hace años resultaría sorprendente, resulta en la sociedad en que vivimos casi evidente.

El 75,3% de los internautas se conectan a la red a diario para consultar noticias (datos ONTSI) y la inversión en publicidad digital (1.100 millones de euros el pasado año), superara a la impresa en el 2012 de acuerdo al estudio IAB Spain. ¿Nos os parecen cifras, cuanto menos, reveladoras?

Pero no puedo dejar de destacar en este post el papel que juega la libertad de prensa como uno de los pilares de la democracia. En un sector que desempeña un rol social fundamental y que evoluciona de manera tan vertiginosa, la formación de profesionales en las universidades exige respetar pero también adaptarse a los nuevos tiempos.

Viene al caso que comente una cita del libro ‘Los elementos del periodismo’, de Bill Kovach y Tom Rosenstiel, en el que recogen las conclusiones de dos años de trabajo de un grupo de influyentes periodistas norteamericanos así como figuras destacadas de todos los medios de comunicación. El periodismo, tal y como se afirma en el libro, “ofrece algo único a una sociedad: la información independiente, veraz, exacta y ecuánime que todo ciudadano necesita para ser libre”.

Los programas educativos deben contener el enfoque práctico inherente a la profesión, pero respetando al mismo tiempo los valores que le son consustanciales: veracidad de la información, lealtad a los ciudadanos, independencia y respecto de quienes informan, nítida separación entre opinión e información, ofrecer un foro público para la crítica y el comentario y ejercer un control independiente del poder.

En la Universidad Europea de Madrid creemos que el periodismo y la comunicación en general es una profesión de futuro, pero también que garantiza nuestro modelo de libertad de pensamiento. Por eso cada año la promovemos reuniendo a estudiantes y profesionales en la Semana de la Comunicación.

Otra de nuestras semanas especiales en el Campus.

15
Mar
2012

Educación y comunicación.

El periodista Manuel Campo Vidal acaba de publicar su nuevo libro ¿Por qué los profesionales no comunicamos mejor?. En gran medida se trata de la continuación de su obra anterior ¿Por qué los españoles comunicamos tan mal?. En el libro se analizan las razones de este problema. De hecho, se afirma que esta es una de las principales desventajas, junto con el conocimiento de idiomas, que aquejan a los profesionales españoles a la hora de competir en un mundo globalizado. En sus páginas se enumeran dichas causas y se enfatiza de manera especial la educación. Nuestro sistema memorístico de exámenes escritos no contribuye precisamente a mejorar esta competencia. Campo Vidal dice que de las cuatro habilidades básicas para comunicar (leer, escribir, hablar y escuchar) en la escuela únicamente nos enseñan las dos primeras. De esta manera, cuando ya de profesionales, nos llega el momento de comunicar oralmente, el desastre, o al menos el mal rato, está asegurado.
De niños no salíamos a la pizarra, incide el autor, y así nos va. ¿Cuántos de nosotros hemos experimentado el sentimiento de inferioridad que supone el no saber comunicar en entornos internacionales frente a colegas de otras latitudes? No son más listos, ni están mejor educados, ni saben más, pero lo parecen porque comunican mejor. Y lo aprendieron desde niños.
La mala comunicación no sólo incide en nuestra imagen, sino que afecta a nuestra productividad. A la individual y a la colectiva. Reduce nuestra capacidad de negociación y de seducción. Si no somos capaces de exponer nuestras ideas y proyectos con claridad y persuasión, se reducen nuestras posibilidades de innovar, trabajar y competir por la asignación de los recursos escasos.
Cuando yo comencé a trabajar en Unilever al acabar mis estudios universitarios, me encontré con la enorme sorpresa de que allí había cursos de formación en presentaciones y comunicación. Nos grababan y nos hacían ver nuestros propios defectos para corregirlos. Entonces esto era una excepción. Lo alarmante es que muchos años después aún lo siga siendo. Todavía tenemos que esperar a que la empresa nos forme en algo que, como dice Campo Vidal, debería ser inherente a nuestro sistema educativo.
La formación en habilidades y competencias personales, como es el caso de saber comunicar, sigue estando reñida con la educación en conocimientos. Y no debería ser así. Una formación completa, que nos dé el bagaje suficiente para seguir aprendiendo a lo largo de toda nuestra vida, debería equilibrar tres elementos básicos: conocimientos, competencias y valores.

27
Feb
2012

Formación y universidad

Como saben, se acaba de aprobar la reforma laboral; y aunque aún falta su desarrollo reglamentario, su impacto no dejará de sentirse pronto a todos los niveles. Para sus defensores, una reforma largamente esperada y muchas veces postergada que debe dar un impulso a la flexibilización en las relaciones laborales y en la creación de empleo. Para sus detractores, un recorte en los derechos de los trabajadores que traerá más precariedad en el trabajo. Pero no son estos las características que quería comentar en un espacio dedicado a tratar temas educativos, sino los aspectos formativos en los que esta reforma incide. En ellos se recoge que los empleados tendrán derecho a 20 horas retribuidas de formación. Llama la atención que la formación se considere un derecho, y que se reconozca el peligro que los trabajadores tienen de perder su puesto de trabajo por falta de adaptación y reciclaje; es decir, por obsolescencia profesional. Por primera vez se reconoce, a mi entender, la importancia de la formación continua. Por muy bien formado que uno acabe sus estudios, el riesgo de quedarse descolgado de la lógica evolución de los conocimientos es completamente cierto.
Me pregunto cómo la universidad puede echar una mano en esto. Aunque aparentemente gratuita para sus estudiantes, la universidad tiene ingentes recursos asignados: instalaciones, profesores, investigación. No puede seguir cerrada al empleo, a las profesiones, a la formación a lo largo de toda la vida. No puede ser solamente una opción de primera formación superior para jóvenes. Debe abrirse al reciclaje profesional a todos los niveles. Su exceso de regulación y falta de autonomía, complican la innovación. Su conservadurismo histórico (y no me refiero al político, sino al social) evita que el aire de la sociedad real entre por sus ventanas. La sociedad que sufre los excesos de la crisis económica no puede entender que esta universidad siga viviendo de espaldas a la creación y difusión del conocimiento que permite el empleo y la carrera profesional prolongada. Lo cual sólo es posible con el reciclaje continuo y la posibilidad cierta de volver una y otra vez a sus aulas en todas nuestras etapas vitales y profesionales.
La universidad española no debería de perder la oportunidad que los cambios legislativos en materia laboral le brindan para servir a la sociedad que la creó, que la mantiene y que debe ser su única razón de ser.

27
Ene
2012

Educar y disfrutar.

Me divierte pensar que la educación es divertida. Me agrada observar como disfrutan los niños en su primera etapa de escolarización. Me pregunto por qué el aspecto lúdico se va perdiendo con el transcurso de los cursos académicos. Me intriga cuando se dice que ello es porque la educación se vuelve más difícil. A mí nada me parece tan difícil como aprender a leer y escribir; y ello se hace, disfrutando, en los primeros cursos. ¿Qué es lo que hace que el colegio se vuelva un lugar aburrido a donde los alumnos no quieren ir cada día? ¿Por qué las vacaciones es su objetivo primordial?

Seguramente nadie y cualquiera podríamos contestar a estas preguntas. Nadie porque si no ya habríamos dado con la solución. Cualquiera porque para responderlas no hace falta ser un experto, sino aplicar el sentido común que millones de alumnos, padres y profesores tienen.

A veces parece como si el eslogan de nuestro sistema educativo fuera “la letra con sangre entra”. De manera tal que todo lo que nos gusta y nos divierte no fuera educación. Por el contrario, lo aburrido y sombrío garantiza el aprendizaje. Este proceso anticuado donde la clase es un monólogo del profesor, el estudio está basado en la memorización por parte del alumno y el examen escrito es la única forma de evaluación, sigue siendo todavía la esencia de nuestro proceso pedagógico. Y en este contexto, esfuerzos evolutivos como el llevado a cabo por los 46 países que integran el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES, el llamado proceso de Bolonia), chocan de frente con la tradición de los sistemas imperantes en la enseñanza primaria y secundaria. La transformación que Bolonia trata de introducir mediante el cambio de paradigma que supone aprender a aprender frente el simple enseñar, o la introducción de las competencias junto a los conocimientos, encuentran alumnos poco preparados para asimilarlo dado que han sido formados en las etapas previas en modelos muy distintos. En otros países, sobre todo en los anglosajones, la educación gira más alrededor del alumno. Por tanto, su nivel de participación es más elevado. Hay un empleo mayor de pedagogías basadas en situaciones reales y menos memorización. Menos escuchar sólo al profesor y más aprender de los compañeros. Es un aprendizaje más social, y, por tanto, más activo y entretenido.

Si en la educación infantil y primaria se aprende jugando, por qué no podemos trasladar la idea a una educación secundaria y superior donde se aprende divirtiéndose. Donde reír sea una asignatura obligatoria para pasar de curso y disfrutar aprendiendo sea la herramienta pedagógica clave.

02
Ene
2012

Broken Dreams

From my understanding in how one must face the future, there are two types of people: those that believe in destiny and those that believe in living life from day to day. For those who believe in destiny, life has a reason that has been predetermined. Sooner or later they´ll end up with what´s been predestined for them. For the others, the future doesn´t exist. Life is configured through what we do or let happen by living in the present. Those that believe in destiny are usually dreamers. They ¨guess¨ that whatever will be, is waiting for them. On the contrary, individuals that believe the future is built from the present tend to be visionaries; fans of ¨imagining¨ how the future will be built. Perhaps these two types of people don´t exist. Perhaps we are simply individuals with both halves: part dreamer that brings us to ¨believe¨ that something good is waiting for us just around the corner, and part visionary that makes us ¨think¨ that the future is in our own hands, our work, and our efforts.
Students tend to be dreamers. Some dream only while sleeping while others also dream awake. Of the latter of the two, there are those whose dreams come true and those whose dreams are broken along the way. Educators must be visionaries. Avoiding academic failure should be the primary objective of all good educational systems. Making students fulfill their dreams of becoming wiser and better people must be the primary motivation for those of us that dedicate ourselves to education. According to Mandela, Education is the most powerful weapon one can use to change the world. Education is the key to transform society and make it progress.
Clearly, we can´t build a better world made up of the dreams of millions of human beings who have no access to education, or only to a very poor education that is abandoned very early on. We can´t build a better world made up of the broken dreams of a majority of children who can´t attend school in poor countries. We can´t build a better world made up of the broken dreams of those who have no access to university studies in countries where higher education is still dominated by elitism. We can´t build a better world made up of the broken dreams of those who never finish what they´ve started because of the inflexibility of the education system. Millions of beautiful dreams are broken by the nightmares of those who feel scared about the progress and the future, or by those who believe that one´s life ends every day when the sun sets.
I like people who believe that another type of education is possible, an education which frees them from fear and ignorance. I like those who believe that education makes the dream which everyone has in their heart real: the dream of a society living in harmony, full of freedom and justice.

Ensayo para ¨100 dreams, 100 minds, 100 years¨ de Steelcase.

01
Dic
2011

¿Fuga de cerebros o movilidad?

Algo que me preocupa de esta crisis es el efecto que puede tener en agrandar las diferencias entre los jóvenes. Por un lado, puede dejar en la cuneta de la prosperidad y el progreso a miles de jóvenes con escasa educación académica cuya única alternativa de formación pasa por el trabajo (aprender haciendo). Si no tienen trabajo, ni se forman ni tienen independencia económica. Son los llamados Ninis (ni estudian ni trabajan). Pero por otro lado, ha aparecido toda una generación de jóvenes bien educados que encuentran su profesión más allá de nuestras fronteras. Son los nuevos emigrantes.
Como decía hace poco un artículo del Jornal de Noticias portugués, han sustituido la maleta de cartón de nuestros primeros emigrantes del siglo pasado por la de ruedas; los largos viajes en tren por el cómodo avión, y, en la mayoría de los casos, viajan de un país a otro sin visado ni pasaporte. Para conectarse con la familia y amigos que dejan en sus ciudades de origen ya no utilizan largas cartas manuscritas que tardaban días en llegar, sino que lo hacen por el móvil, las redes sociales o los programas de conversación instantánea.
Ya no se marchan con una mano delante y otra detrás, sino con un equipaje muchas veces repleto de títulos universitarios, prácticas profesionales varias, conocimiento de idiomas y alguna estancia anterior en el extranjero, muchas veces aprovechando las ventajas de becas y programas tipo Erasmus. Pero sí lo hacen por la misma razón que antes: la supervivencia.
Independientemente de sus deseos y posibilidades de volver, cabe ahora preguntarse si este fenómeno migratorio implica una auténtica fuga de cerebros, con todas las connotaciones negativas que esto conlleva para nuestro futuro colectivo, o simplemente es movilidad profesional más acorde con el mundo internacional donde ya vivimos, con excepciones, y con la aldea global donde nuestros jóvenes van a vivir y trabajar, sin excepción.
El sistema educativo preuniversitario y el productivo deberían dar respuesta al problema de los Ninis; la educación superior debe centrar sus esfuerzos en entender el fenómeno que aquí se comenta: educar profesionales preparados para la aldea global, capaces de trabajar en contextos diferentes y apartar lo mejor de ellos mimos en aras de una sociedad en la que merezca la pena vivir.

31
Oct
2011

Utopía para la educación.

Hay mucha gente que piensa que la vida se planifica mediante la puesta en orden de manera consecutiva de elementos lógicos y racionales. Los hay quien, al contrario, creen que el destino ya está escrito y que poco se puede hacer al respecto salvo esperarlo con resignación. Pero también existen personas que entienden su existencia en la búsqueda de la utopía. Para estas últimas, como para el sabio, la utopía es como el horizonte, que si bien nunca llega a alcanzarse, sirve al menos para caminar. Y digo yo, que quizá podríamos sentarlos a todos juntos un día y no dejarles levantarse hasta que no nos traigan un proyecto de futuro que nos satisfaga. Así, los utópicos nos atraerían con bellas metas que los creyentes del destino nos harían interiorizar y los planificadores alcanzar.
Estamos en plena campaña electoral y parece que ésta tampoco va a ser la campaña de la educación. Es verdad que hay ruido en las calles. Hacer trabajar a algunos profesores más horas lectivas ha traído preocupación; sobre todo por sus repercusiones en el empleo, o mejor dicho, en el desempleo. Pero sobre el futuro, tan sólo algunas palabras sueltas, desgastadas ya de tanto uso.
Imagínense que en educación sí consiguiéramos reunir a los tres tipos de individuos que les decía antes. Seguro que no tendríamos problemas para encontrar a los conformistas con el destino. De esto estamos sobrados en nuestro país, sobre todo en educación. Ese sentido transcendente de la enseñanza basada en algunos valores supuestamente universales que reproduce una y otra vez el status quo social ha estado presente ya desde hace tiempo en nuestro sistema educativo. Tampoco creo que fuera difícil atraer a los buenos planificadores que regularían cada minuto y cada rincón del aprendizaje que una tonelada de leyes y decretos cuyo cumplimiento se encargarían más tarde de supervisar. Donde estaría el problema es en encontrar a alguien capaz de inventarse el futuro. De decirnos cuál y dónde está el destino que queremos planificar. Un futuro que podamos creer, en el que merezca la pena creer y nos ponga de acuerdo para caminar. Alguien, claro está, que no esté loco. ¿O sí?

Se me ocurre apelar al lado utópico de los que leen estas líneas y proponerles que compartan su idea de cuál y dónde está el destino para esa educación que queremos planificar.

07
Oct
2011

Inteligencia Comercial y educación.

Luis Bassat ha escrito un nuevo libro: Inteligencia comercial. Con ese estilo sencillo y directo, propio de alguien que está muy acostumbrado a encapsular mensajes complejos en spots de veinte segundos, el autor desgrana su experiencia sobre cómo aplicar la inteligencia a la intención comercial en apenas doscientas páginas. Luis Bassat es uno de los mejores publicitarios de la historia de la comunicación, y no sólo en España. Este libro no es el primero. Anteriormente ha escrito varios. A mí me gusta de forma especial El Libro rojo de las Marcas por su excelente aportación a lo que éstas significan en la singular relación que los consumidores establecen con los buenos productos y servicios que ayudan a mejorar su nivel de vida.
Además de un excelente profesional, Luis posee un gran sentido de la responsabilidad social que canaliza con sentido práctico en diversas actividades e instituciones. Entre ellas la Universidad Europea de Madrid, de cuyo Consejo Universitario es presidente. En sus reuniones tenemos la oportunidad de enriquecernos de su inteligencia comercial, en este caso aplicada a la educación.
Inteligencia comercial en la educación es poner al estudiante en el centro, y a su alrededor el claustro, los servicios y el campus para ayudarle a alcanzar sus sueños de ser mejor profesional y mejor persona al finalizar sus estudios. De estar mejor formado intelectual y competencialmente en el momento de graduarse. Inteligencia comercial en la educación es también mirar al futuro, y contribuir a inventarlo; innovar continuamente para ser capaces de seguir el ritmo de progreso que la sociedad nos demanda a los educadores; ser respetuosos con los recursos que se han puesto a nuestros alcance y utilizarlos con eficiencia, sin inútiles despilfarros. Inteligencia comercial en la educación es, en definitiva, ser capaces de transmitir lo que Bassat llama en su libro los valores humanos para desarrollar la inteligencia comercial:

Prefiero los modestos a los pedantes. Los simpáticos a los antipáticos. Los serios a los alocados. Los alegres a los tristes. Los optimistas a los pesimistas. Los sonrientes a los malcarados. Los atentos a los maleducados. Los que tienen sentido del humor da los que no lo tienen. Los que cuidan su presencia a los descuidados. Los que prometen poco y cumplen a los que prometen mucho e incumplen. Los altruistas a los egoístas. Los generosos a los trepas. Los que comparten los éxitos a los que los quieren para ellos solos. Los que preparan a los que improvisan. Los que arriesgan a los incapaces de hacerlo. Los que madrugan a los que trasnochan. Los que hacen equipo a los solitarios. Los que disfrutan trabajando a los que sufren trabajando. Los que saben divertirse a los que se aburren siempre. Los que cuidan su salud a los que queman su salud. Los que hacen deporte a los sedentarios. Los que buscan crecer a los que prefieren enriquecerse. Los que piensan a largo plazo a los resultadistas a corto plazo. Los respetuosos a los irreverentes. Los responsables a los irresponsables. Los creativos a los burócratas. Los despiertos a los dormidos. Los activos a los pasivos. Los que se avanzan a lo que les van a pedir a los que solo hacen lo que les pides. Los que buscan soluciones a los que solo encuentran problemas. Los que saben usar su cabeza y su corazón a los que solo usan su razón. Los que ponen el alma en su trabajo a los que solo ponen su talento. Los que viven lo que hacen a los vividores de lo que hacen. Los que ayudan siempre a los que siempre piden ayuda. Los educados a los impertinentes. Los que saben decir que no a los que siempre dicen que sí. Los sinceros a los falsos. Los que siempre están dispuestos a los que siempre están ocupados. Los que saben escuchar a los que siempre hablan. Los que defienden su punto de vista a los callan. En definitiva, prefiero los que tienen una buena actitud a los que no la tienen.

20
Sep
2011

Educación y el virus FIFA.

Si son ustedes aficionados al fútbol, ya saben de qué les hablo. Cuando los grandes clubes tienen que ceder sus jugadores a las selecciones nacionales (y en los buenos equipos esto es casi toda la plantilla), el entrenamiento y la convivencia quedan interrumpidos durante unos días. A la vuelta, cuando se reinicia la competición nacional, el conjunto sufre un proceso de readaptación que suele pagarse con malos resultados. A este fenómeno, un poco inexplicable desde un plano meramente racional, los periodistas deportivos han bautizado como el virus FIFA. Pues bien, parece como si la interrupción de las clases y la convivencia durante el larguísimo verano escolar tuviese también un efecto similar en la reanudación de la activad docente. Tardamos demasiado tiempo en alcanzar la normalidad, el ritmo de crucero, en las aulas. A encajar de nuevo a estudiantes con el claustro; y a ambos con el entorno: las clases, la tarea, el espacio físico.
Este curso 2011-2012 viene, además, marcado por la crisis económica. Tampoco la educación puede sustraerse a las graves dificultades que nos aquejan. Las necesidades de ahorro en los presupuestos públicos y los consecuentes ajustes están afectando a familias, centros y profesores. Para ser más preciso, las familias llevan ya tiempo ajustándose el cinturón. Ahora, los centros públicos, colegios, institutos y universidades ven recortado su capítulo de gastos. Y ahora los maestros. Más horas de clase y menos plantilla para atender al mismo número de alumnos.
Me llama la atención la relación tan directa e inmediata que se hace entre gasto (que no inversión) y calidad. Es evidente que existe una obvia correlación entre ambas, pero es difícil aceptar que no se pueda ahorrar y mantener la calidad al mismo tiempo. Si fuera verdad, se estaría aceptando como una verdad absoluta que los presupuestos eran perfectos, que no existía margen para la mejora, para mayores índices de eficiencia y mejores tasas de eficacia. Y se estaría poniendo en duda las ventajas que muchísimas otras organizaciones, públicas y privadas, y también educativas, han logrado: que un espacio de ahorro es posible sin menoscabar la calidad final del producto, o programa, ofrecido a los clientes, o estudiantes. Esto se llama gestión, o mejor dicho, buena gestión. Pero la gestión, la buena gestión de los recursos escasos, sigue siendo una asignatura pendiente de nuestro sistema educativo en su conjunto.