¿Qué hace un diseñador gráfico?
Primero, qué no hace: ni es un artista, ni es un publicitario. Por no ser, cada día es menos diseñador sólo gráfico. Aunque si sea un poco de todo esto y deba ser mucho más: psicólogo, sociólogo, experto en tendencias, innovador, divulgador, comunicador, agitador social y cultural, organizador de espacios físicos y virtuales, y sobre todo, un obseso del proyecto y no tanto de la forma.
Diseñar es el arte de planificar. Se presenta un problema, en respuesta se proyecta y se llega a una solución. El estilo es una cuestión de apariencia, de la manera en que algo parece o se siente / Paula Scher.
No somos artistas, porque aunque ocasionalmente podamos compartir espacio en los museos con ellos, lo que hacemos no es estrictamente arte. No somos artistas. No buscamos la autosatisfacción ni la mejor consecución de los objetivos que nosotros mismos planteamos. Los diseñadores gráficos y todos los diseñadores, quizás seamos más parecidos a los arquitectos. Como ellos, recibimos el encargo de atender a una necesidad, resolver algo y proyectar conforme a unas premisas que nosotros podemos ayudar a establecer. Nuestra satisfacción e inquietudes artísticas se canalizan a través de las soluciones que ofrecemos.
No me interesa ser un artista / Tibor Kalman
No somos publicitarios, porque aunque ocasionalmente hacemos lo mismo, estamos más enfocados al producto y la marca y ellos más a la promoción del producto o la marca. En los últimos tiempos las diferencias se han reducido, ya que la publicidad y los publicitarios cada vez se enfocan más a la marca y los diseñadores cada vez entendemos mejor que no trabajamos para el resto de los diseñadores sino para la sociedad en su conjunto.
La publicidad es el precio que pagan las marcas por ser vulgares / Yves Béhair
Un diseñador gráfico hoy en día ejerce una profesión global en constante evolución, que huye de la especialización y crece en la transversalidad interdisciplinar. En el entorno anglosajón y centroeuropeo (Estados Unidos, Reino Unido o por ejemplo Holanda), cuna del diseño gráfico moderno, es una profesión relativamente joven y muy reconocida. En España la profesión, es aún más joven (encontramos a nuestros pioneros entre nuestros padres, como mucho entre nuestros abuelos) y está adquiriendo un prestigio y reconocimiento crecientes en nuestro país y en el mundo. Practicado generalmente en torno a los grandes centros urbanos, es una profesión ejercitada en pequeñas empresas y por parte de profesionales independientes que se articulan en torno a proyectos pequeños y grandes, en redes de colaboración local y global fuertemente apoyadas en el manejo eficiente de los nuevos medios.
Hoy los diseñadores gráficos trabajamos tanto o más el contenido que la forma. No decoramos por capricho como en algún momento se nos pidió, ni sólo añadimos valor a lo convencional como ocasionalmente se nos encarga. De hecho, muchas veces aportamos parte sustancial del significado de los proyectos en que intervenimos. Hoy en día intervenimos decisivamente, por ejemplo, en la definición del intangible más valioso de las compañías, instituciones o países: su marca. Así intervenimos en marcas o productos comerciales, culturales, sociales o sin ánimo de lucro, y lo hacemos en todos los soportes de comunicación imaginados, imaginables y por imaginar: el etiquetado de una prenda dirigido a un público concreto, la carta de un restaurante, la caja de unas zapatillas de deporte, un libro de arte, una revista digital, el sitio web de la familia real, la imagen coordinada de una exposición en un museo, una felicitación de Navidad, un billete de metro, la identidad corporativa de una compañía multinacional, el álbum y el cartel de tu grupo favorito, el cartel de no molestar de los hoteles, una app, los créditos de una película de miedo... Por todo esto y mucho más, un diseñador es un profesional que difícilmente se aburre y acostumbra a ser alguien sensible, curioso, inquieto, observador, detallista, capaz de interesarse por lo que a casi nadie interesa, de encontrar diferencias entre iguales, de ser innovador y creativo cuando parece imposible serlo y de mantener un difícil equilibrio entre rigor técnico, creatividad, sentido común, sentido del humor y un decidido compromiso social y medioambiental.
Un buen diseñador gráfico hoy no es, por supuesto, alguien que maneja estupendamente programas de diseño en un ordenador. Es más bien alguien al que el apellido gráfico le deberá quedar ciertamente pequeño. Alguien con un futuro prometedor al que, si no se mantiene atento, ser diseñador a secas puede venirle muy grande.
Los diseñadores están comprometidos, nada menos que con la manufactura de la realidad contemporánea / Rick Poynor
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