El Barceló como excusa : reflexiones
El miércoles 23 de mayo desde la asignatura Crítica de la Arquitectura se invitó a los alumnos y profesores de Grado en Arquitectura y Grado en Fundamentos de la Arquitectura de la UEM, Centro Adscrito de Valencia, a una visita guiada al Hotel Barceló. Pepe Font, profesor de proyectos del CAV-UEM y co-autor del edificio, además de mostrarnos las instalaciones y responder a todas nuestras dudas, realizó una presentación en la que nos mostró y nos contó el desarrollo del proyecto y de la obra. No pretendo hacer aquí una crónica de la visita, ni del contenido de la presentación, sino compartir con vosotros las reflexiones que me suscitaron.
1. El arquitecto como aliado del cliente.
¡Cuántas veces hemos tenido conversaciones entre arquitectos, en las que nos hemos quejado de que el cliente “no nos deja hacer” tal o cual cosa, porque no se la imagina, porque no la entiende, porque no piensa como arquitecto y, principalmente, PORQUE LA PAGA ÉL! ¿ Y por qué no somos nosotros los que pensamos como clientes? Pepe Font nos mostró que la normativa urbanística permitía en el solar dos alturas diferentes, con dos números de plantas diferentes, que correspondían a plantas de viviendas. Si en lugar de viviendas se hacía un hotel, que precisa de una altura entre forjados mayor, y se respetaban las máximas alturas de cornisa permitidas, se perdían plantas, lo que suponía unos 2.500 m2. de edificabilidad. Los arquitectos plantearon un estudio de detalle que igualaba las alturas de cornisa en la esquina, lo que permitía generar un volumen más rotundo y significativo, y además recuperaba la edificabilidad que por tratarse de un hotel se hubiera perdido, y la colocaba donde más se necesitaba: en las plantas baja y primera, donde se ubican los servicios comunes.
2. La arquitectura desde lo real.
El edificio se encuentra en un entorno plagado de “hitos”, con los que no pretende competir. Se enfrenta a ellos por contraste, lo negro frente a lo blanco, lo sobrio frente a lo festivo. El despiece de los paneles responde a criterios de economía, de aprovechamiento máximo de los mismos, generando el mínimo de recortes y residuos (lo que no deja de ser ecología). Pero además, al colocarlos en obra se dieron cuenta de los distintos reflejos que se producían por la dirección de colocación de las piezas respecto al corte de los paneles originales, y convirtieron en un juego intencionado lo que a priori hubiera sido un efecto no deseado.
La oscuridad de la fachada se contrapone a su vez al interior de los espacios públicos, intencionadamente claros y con valientes toques de color, sin desatender los criterios de limpieza y funcionalidad que se precisan en el hotel.
Otro aspecto importante fue el confort acústico, desde el aislamiento frente a las ruidosas avenidas que lindan con el edificio, a la absorción de las zonas de restaurante, bar o congresos.
El estudio Fontmestre diseñó también el mobiliario, anclado a la pared para reducir el número de patas, facilitando así la limpieza y optimizando el tiempo que se emplea en la misma. Se “ensayaron” los elementos que se iban a emplear, colocando un módulo de fachada y guardando una pieza nueva en un lugar en sombra, para comparar; se organizó un concurso para la ejecución del mobiliario, comprobándose así la calidad de la ejecución del mismo antes de comprometerse con una empresa, y se dejó en la obra un sillón-cama para ver cómo sobrevivía a la suciedad…
En definitiva, se trata de un modo de hacer arquitectura que nace como una respuesta o una reacción, pero que a su vez incorpora las pequeñas y grandes complejidades que surgen desde el proyecto, el aprovechamiento y cualidades de los materiales, las sensaciones que se transmiten a los clientes y la funcionalidad durante la vida útil.
3. Ir por delante…
Las habitaciones incorporan la estructura del mobiliario antes de terminar los tabiques, pues de otro modo hubieran tenido que romperse los paneles, anclarse las estructuras de mala manera, y hubiera sido un despropósito económico y de tiempo. La función del arquitecto en ejecución es ir por delante de la obra, y proporcionar los detalles y la información necesaria para que se puedan acometer bien los trabajos, sólo así podremos llegar a un edificio terminado como nos gustaría. En estos momentos en los que se construye poco, corremos el peligro de convertirnos en arquitectos de ideas… de pensar en escalas macro que no van a desarrollarse hasta el detalle. Sin embargo, es mucho más sencillo que nos encarguen una reforma, un trabajo de interiorismo, una intervención sobre una pre-existencia, donde el detalle constructivo sea el protagonista que nos diferencie, y que haga posible una obra bien acabada.
4. Maestría y no genialidad.
Quisiera acabar con la reflexión que hizo Pepe Font sobre los grandes de la arquitectura. Ignoro si es una reflexión propia o si se la escuchó alguna vez a alguien... (¿a un maestro?). Los grandes de la arquitectura no son genios, sino maestros, y la maestría no es una cualidad innata, sino que se aprende con el oficio. Y yo añado que el oficio no empieza cuando tenemos un título en la mano, sino cuando decidimos –en serio, y a conciencia- que queremos ser arquitectos. Esto tampoco sucede cuando nos matriculamos en la Universidad. Algunos lo descubren mientras estudian, o trabajando en un estudio, o cuando tienen la ocasión de proyectar algo que realmente les motiva, otros no lo descubren nunca… Realizar visitas a edificios, asistir a conferencias, aprovechar las clases, viajar y sobre todo, reflexionar, con cualquier excusa… son ejercicios que educan nuestra mirada y nos van convirtiendo en arquitectos, mucho más que cualquier título. Y es que cuando uno decide, de verdad, ser arquitecto, se da cuenta de que nunca va a dejar de ser estudiante de arquitectura.
Publicado por uemismore










EL ARQUITECTO ESPAÑOL RAFAEL MONEO, PREMIO PRINCIPE DE ASTURIAS_ Fuente_rtve.es
MUSEO ROMANO DE MERIDA _ Fuente de la imagen_elpais.es
AMPLIACIÓN DEL MUSEO DE BELLAS ARTES DE HOUSTON_Fuente_ photograph © Robb Williamson
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